Para descargarte la carta pincha aquí: Adopción, juego y aprendizaje

 

Iván está moviéndose inquieto en su asiento

Profesor/a: “¡Iván, estate quieto, por favor!”

Iván: “¿Puedo salir al baño, seño?”

Profesor/a: “¡No Iván, acabas de ir hace un momento!”

Iván “¡Jo seño, quiero ir al baño!”

Profesor/a: “¡Iván, vete al rincón a ver si se te pasan las ganas!”

Iván se va frustrado al rincón y sigue molestando a la clase haciendo ruiditos.”

Profesor/a: “¡Si sigues así te echaré de clase!”

Iván continúa y el/la profesor/a le manda al pasillo.

 

Querido profesor/a, seguramente esta es una de tantas situaciones con las que te encuentras cada día en el aula con niños adoptados y no sabes muy bien por qué Iván para que se comporta así.

Voy a empezar por el principio para explicarte el origen de su conducta: Iván nació en un país extranjero de una madre que no se cuidó durante el embarazo y le abandonó nada más nacer en la calle. A los dos días alguien le encontró y le llevó a un hospital. Estuvo una semana hospitalizado y de ahí pasó a un orfanato con pocos recursos donde permaneció 9 meses, hasta que fue adoptado por sus padres. En ese momento pesaba 4 kilos.

Ahora tiene 7 años e Iván se ha convertido en un niño inquieto, que, como bien sabes, le cuesta relacionarse con sus amigos, no te obedece y a veces se te enfrenta. Cada vez que su madre va al colegio a explicarte que es un niño adoptado y que necesita una adaptación diferente, o que no es un niño “malo”, que lo que le pasa está relacionado con su adopción, la miras con condescendencia diciéndole que la adopción no tiene nada que ver con su comportamiento, que quizá le estéis consintiendo demasiado, y que lo que necesita es que le pongáis límites.

Querido profesor/a, en contra de la opinión popular de que los bebés o niños muy pequeños olvidan sus experiencias en ese primer periodo infantil, me gustaría que supieras que la realidad es bien distinta, es decir, que cuanto más pequeños son, más repercusiones tendrán en ellos los impactos emocionales.

Quisiera que supieras que cuando un bebé nace, su cerebro está inmaduro, y su maduración vendrá determinada por el entorno en el que se encuentra y por el afecto que recibe.

Los estímulos que el niño recibe irán provocando las conexiones neuronales necesarias para que su cerebro se desarrolle de forma sana. Cuando esto no es así, cuando un bebé sufre negligencia y abandono, cuando no ve satisfechas sus necesidades básicas, su cerebro entra en modo estrés, es decir, su sistema fisiológico de alarma se activa porque él no sabe si tiene hambre, miedo o frío, lo que siente es que se muere. Este estado de alerta permanecerá en él durante mucho tiempo. Y eso es lo que ves en tu aula cuando Iván y otros niños que han vivido trauma, se comportan de forma diferente, les cuesta seguir tus instrucciones o mantenerse quietos; son sus experiencias negativas las que no le dejan estar tranquilo y seguro. Si tú te sintieras en peligro, tampoco podrías trabajar, estarías preocupado por sobrevivir.

Cuando Iván se siente en peligro, no puede estudiar ni atender, porque el estrés es incompatible con el aprendizaje, por lo que puedes entender que su inmaduro cerebro es la causa de sus dificultades.

Querido profesor/a, el aprendizaje se da a partir del juego, cuando una mamá hace pedorretas a su bebé en la barriguita, cuando juegan a tirar y coger cosas, cuando celebren sus primeros pasitos, cuando le lleva al parque para que juegue con otros amiguitos, se irán produciendo las conexiones neuronales necesarias para la maduración de su desarrollo de forma adecuada. La mayoría de tus alumnos pertenecen a este afortunado grupo, no han pasado por esas experiencias negativas por lo que pueden aprender con facilidad.

Cuando los bebés/niños no han tenido la oportunidad de jugar ni de sentirse queridos, habrá un exceso de poda neuronal que será la responsable de que Iván no pueda estarse quieto, de que no se sienta seguro, de que le cueste entender las matemáticas o los conceptos abstractos como espacio y tiempo.

Por eso es importante que les dejemos jugar como si fueran bebés o como si fueran más pequeños de lo que son, eso les ayudará mucho más que si les tenemos todo la tarde haciendo deberes. Solo con el juego y sintiéndose seguros y aceptados mejorarán su aprendizaje y relaciones sociales. Tú como su profesor, seguro que encuentras formas de que Iván se sienta más seguro, de que colabore contigo, él desea que le aceptes y le quieras, tú eres muy importante para él.

Querido profesor/a tú eres un tutor de resiliencia secundaria, es decir, eres una figura referencial e importante para Iván, tienes mucha influencia sobre él, te admirará y te imitará si sabes que a veces necesita atenciones diferentes. Por eso no debes mandarle al pasillo, cuando lo haces le activas su trauma del abandono, no lo vive como un castigo normal, lo vive como otro rechazo.

Cuando veas que se cuela cada día en la cola de entrada a clase y quiera ser el primero, no le reprendas o castigues por ello, no lo hace porque sea malo, lo hace porque además de no aprender de su experiencia, eso le hace sentirse más importante, dada su baja autoestima. Háblale con cariño cada día hasta que lo entienda a nivel emocional.

Profesores, cuidadores, padres y psicólogos tenemos que remar todos en la misma dirección para poder facilitarle el paso por la escuela, haciendo que ese entorno hostil que percibe en ella, se convierta en un lugar seguro y de aprendizaje.

Espero que a partir de todo esto, puedas entender mejor a Iván, y seguramente ayudarle a que se integre mejor en su escuela.

 

Montse Lapastora

 

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