Para reflexionar

Si preguntamos a nuestro alrededor, a nuestros familiares y amigos si son racistas, la mayoría de ellos diría que no. Incluso muchos padres adoptivos cuyos hijos son de una raza diferente se sentirían ofendidos por la pregunta. Pero si hacemos un ejercicio de reflexión veremos que muchos de nosotros manifestamos comportamientos racistas sin darnos cuenta. Por ejemplo, si vas andando por la calle y se te acerca un adolescente blanco vestido de rapero, seguramente no reaccionarás de la misma forma que si ese adolescente es negro, ¿Cuando lo hace este segundo chaval, no aprietas el bolso debajo de tu brazo? ¿Tu actitud no despliega un estado de alerta mayor que cuando el que se acerca es un chico blanco?

Si seguimos reflexionando veremos cómo en el lenguaje habitual no faltan frases ni expresiones racistas, continuamente oímos expresiones como: “Trabajo como un negro”, “Nos engañan como a chinos”, “¡Pero qué moro eres!”, o adjetivos como “Panchitos, guachupines, machupichus, etc” cuando se habla de las personas de origen sudamericano.

También observamos que los niños adoptados no suelen relacionarse con personas que sean iguales que ellos, sus padres, en general, no frecuentan amigos de la misma raza que sus hijos; cuando realizan actividades tampoco encuentran niños que sean como ellos. Aunque en las grandes ciudades el fenómeno de la inmigración y la globalización han hecho que convivamos con diferentes razas, en general, muchos niños no encuentran a nadie que les devuelva su misma imagen física, y cuando lo hacen perciben que esas personas son poco valoradas e incluso discriminadas: “el negro de la farola”, “La rumana que limpia en casa” “Los peruanos que hacen chapuzas”.

Todo esto va enviando mensajes al niño, aunque de forma indirecta e inconsciente, que implican que la diferencia es mala, por lo tanto “algo malo habrá en ellos”

La realidad es que a veces no es fácil hacer amigos de otras razas, pero es importante intentarlo, si nuestro hijo ve que nos relacionamos con personas de razas y culturas diferentes estará recibiendo el mensaje de que la diversidad es buena. Lo mismo valdría para cuando vayamos a un restaurante o espectáculo, podemos introducir a los niños en la diversidad de la gastronomía: etíope, india, china, ucraniana, etc y lo mismo con los espectáculos. Todo ello ayudará a construir una identidad racial más sana.

Ser diferente en un mundo de blancos

Es difícil ponerse en la piel de una persona que es diferente a la mayoría de su entorno, pero si lo intentamos nos daremos cuenta de que por el hecho de ser blancos tenemos privilegios que otros no tienen.

Si nos ponemos, por ejemplo, en la piel de los adolescentes negros, observaremos que no disponen de los mismos privilegios que los adolescentes blancos. Vamos a ver algunas situaciones en las que los privilegios no son los mismos:

  • Ir de compras: Probablemente el adolescente negro levantará más sospechas que uno blanco y será más vigilado por los vendedores.
  • Hacer amigos: a un adolescente negro le cuesta más trabajo encontrar chicos de su raza con los que relacionarse.
  • Personas de la misma raza: Un niño indio no encontrará fácilmente personas de su misma raza en los libros del cole o cuando mira la tele. Si pensamos en los programas infantiles, en contadas ocasiones aparecen niños de otras razas.

Si a todo esto añadimos las actitudes racistas que vemos continuamente en los medios de comunicación, en series con mucha audiencia y en anuncios con estereotipos raciales, nos daremos cuenta de cómo el racismo va calando poco a poco en nosotros, pero sobre todo hace mella en los niños que son muy sensibles y captan todas estas diferencias. Cada vez que ven o escuchan uno de los comentarios o circunstancias expresadas más arriba, generalmente se identifican con esas personas diferentes y sienten que dichos comentarios también se refieren a ellos. Ellos son diferentes, ellos son extranjeros. Y en general, las connotaciones que acompañan a esos comentarios y actitudes no son muy positivas, por lo que su autoestima se suele ver dañada.

Hay estudios que señalan que niños de 4 o 5 años, ya han interiorizado el hecho de que ser negro significa ser malo y feo. Si con una edad tan temprana ya han incorporado esto a su identidad, nos podemos imaginar cómo lo vivirán cuando sean mayores y el bombardeo de estas actitudes racistas, a veces muy sutiles, hayan seguido haciendo su efecto.

Cómo desarrollar una identidad racial sana

Los niños empiezan a notar las diferencias raciales hacia los dos años y medio o tres, y es a partir de este momento y hasta los 6 o 7 años, el momento ideal para reforzar aquellos rasgos que les diferencian. De esta manera van incorporándolos a su identidad como algo positivo.

Es en esta etapa cuando serían adecuadas expresiones del tipo: “¡Qué ojos tan bonitos tienes!”, “!Con ese pelo tan negro y suave pareces una princesa!” o “¡Me encanta tu color de piel tostado!”

La edad mencionada para reforzar sus rasgos, 6 o 7 años, es aproximada, pues el momento para dejar de hacerlo de una forma tan evidente es cuando el niño se queja y nuestros comentarios positivos no le consuelan. En ese caso tendremos que dar una respuesta empática, que más abajo explicamos.

También es importante responder a sus preguntas sobre las diferencias, “Mamá, ¿por qué yo soy negra si tu eres blanca?” o “Papá, cuando yo sea mayor tendré el pelo liso como tu ¿verdad?” Si se responde con naturalidad y en la familia se reconocen las diferencias, se permitirá al niño ir desarrollando una identidad racial sana. Varios estudios concluyen que en aquellas familias adoptivas en las que se habla abiertamente de las diferencias raciales y se abordan con naturalidad, la identidad racial del niño en

esa familia es más sana que los niños en cuyas familias no se habla ni se reconocen las diferencias. En este segundo caso, los hijos hablan de tener una identidad dual, se sienten blancos por dentro y negros, marrones u de otro color por fuera.

Cari McCay, es una mujer española adoptada, de origen africano. Ella refiere que tanto el no poder hablar con claridad con su familia de sus dificultades raciales, así como el que minimizaran sus sentimientos, y la mirada del entorno que la consideraba una extranjera, hizo que se sintiera insegura y se encerrara en sí misma. Cari lo describe con sus propias palabras en una entrevista*

Las dificultades más dramáticas llegaron con la adolescencia. En mi familia no se hablaba de raza, ni de racismo, ni de cualquier tema que pudiera ser considerado difícil. Por lo que al llegar la adolescencia yo no entendía bien qué me pasaba a mí y al mundo que me rodeaba, ya que notaba que la actitud de la gente de la calle había cambiado, empezaba a dejar de ser la niña “negrita, que mona”, a que me vieran como una persona extranjera, recién llegada. Esa mirada de la gente de la calle, del “otro”, me creaba inseguridad, amenazaba mi sentimiento de pertenencia, nadie me había dicho hasta entonces que algunas personas jamás me aceptarían ni me verían como una persona de aquí, como un igual. No entendía por qué yo no pertenecía al lugar que me vio nacer y crecer, por lo que no entendía algunas actitudes hostiles contra mí por ser negra. No tenía ninguna herramienta para gestionar esas situaciones……

El mundo exterior me creaba tal inseguridad que decidí crecer “hacia dentro”, creándome un mundo interior mío, aislado y extraño para una chica de mi edad. Pasaba mucho tiempo sola, o con algún amigo que tampoco entraba dentro de los moldes establecidos. El vínculo con mi familia era tan frágil que no veía como podían ayudarme, ya que en algunas ocasiones sí que les había confesado como me sentía, pero mi madre y mi hermana, siempre minimizaban las cosas, hasta el punto que yo no encontraba alivio en compartir mis sentimientos, no hablábamos el mismo idioma. Éste es un punto clave, cuando tu hijo deje de decirte cómo se siente, qué le preocupa. Esto no siempre es un indicativo de que todo va bien. Ser víctima de racismo/intolerancia provoca una reacción muy intensa en la persona que lo sufre, crees que la culpa es tuya por ser tú la diferente, te crea una inseguridad tal que llegas a odiar cada rasgo de tu fisonomía que te hace diferente al resto. Te lleva a una confusión inexplicable… quieres buscar tus raíces, te acercas a aquellos que son más parecidos a ti, pero en mi caso lo hice, con la mirada del prejuicio blanco con el que había crecido.

*Revista Familia y adopción No.1 M. Muñiz, M. Felez

Cómo preparar a nuestros hijos

Escuchando a McCay y apoyándonos en la experiencia diaria en la clínica con niños adoptados, vemos que una manera de prepararles contra el racismo, es hablarles desde pequeños de lo que significa. Cuando desconocemos algo, difícilmente podremos protegernos de ello, pero si estamos avisados de que algo nos puede pasar es más fácil que sepamos responder. Los niños deben saber que hay personas que pueden hacer comentarios desagradables por su raza, pero hay que explicarles que estos no tienen nada que ver con ellos. Hay personas muy ignorantes, muy cerradas o que necesitan ofender o despreciar a otros para sentirse mejor.

Podemos explicarles también que todo lo desconocido y lo diferente genera temor y que ese miedo es lo que a veces está debajo de las actitudes racistas. Podemos darles alguna definición de racismo, estas por ejemplo:

  • El racismo es una forma de discriminación de las personas recurriendo a motivos raciales, tono de piel u otras características físicas, de tal modo que unas se consideran superiores a otras.
  • Comportamiento que consiste en desconfiar de las personas con características físicas y culturales distintas de las nuestras, e incluso también en despreciarlas.

Cada vez que tengamos ocasión analizaremos con los niños aquellas conductas que consideremos racistas en nuestro entorno, en la TV, en los cuentos, o en cualquier situación, para que vayan entendiendo que todas esas actitudes nada tienen que ver con ellos.

Cómo actuar ante comentarios racistas

Cada vez que impartimos un taller sobre “adopción y racismo” no dejamos de sorprendernos de los comentarios que los padres nos cuentan que reciben, por ejemplo, “¿Tu hija por ser negra te habrá costado más barata?” o a un niño colombiano: “Vete a la selva a comprarte una madre”,

Vamos a ver diferentes maneras de intervenir

En primer lugar hay que hacer referencia a cuando son los propios niños los que se quejan de sus diferencias físicas con comentarios como: “!Mamá, yo no quiero tener estos asquerosos ojos rasgados!” “¡Estoy harta de este pelo escarola!” o ves a tu hijo frotarse la piel con fruición para quitarse el color negro.

En estos casos no hay que minimizar los sentimientos de los niños, ellos están expresando un malestar y el que digamos cosas como “¡Pero si tienes unos ojos preciosos!” o “¡Ya me gustaría a mí tener una piel tan bonita como la tuya!” no les ayuda, todo lo contrario, hace que se sientan incomprendidos y dejen de contarnos cómo se sienten. Lo que sí ayuda les ayuda es reconocer el sentimiento que están expresando, comprenderlo y aceptarlo. Eso sería una respuesta empática. Si a la niña que se queja por sus ojos le decimos: “Ya veo que no te gustan tus ojos (se reconoce el sentimiento), entiendo que debe ser difícil para ti ser diferente a tus amigos” (se comprende y valida dicho sentimiento). En esta situación el niño no va cambiar sus ojos, pero por lo menos encuentra la comprensión y aceptación de lo que está sintiendo y con ello la confianza para que pueda seguir quejándose a sus padres (de esto o de cualquier otra cosa).

El deseo de los padres es consolar y evitar el sufrimiento de sus hijos, pero hay que tener en cuenta que la vida les va a enfrentar con situaciones dolorosas. Los padres no pueden pretender evitar el 100% del sufrimiento de sus hijos, pero si pueden estar a su lado cuando se sientan dolidos, quién mejor que ellos para acompañarles en esos momentos dolorosos.

En segundo lugar, cuando se escucha un comentario racista y el niño está delante, los padres no deben alterarse. Si hacen un drama, el niño interpretará que algo muy grave que tiene que ver con él está pasando, podría sentirse culpable y como consecuencia

podría dejar de compartir las cosas que le pasen en un futuro. Es importante centrarse en la necesidad del niño, darle apoyo, que el niño sienta tranquilidad y seguridad en sus padres. Ellos podrán desahogarse en otro momento, pues también les resulta muy duro ver cómo ofenden a su hijo o cómo se siente mal. Cuando no esté delante podrán hablar de su propio dolor con una persona de confianza.

También hay que entender que los sentimientos de los padres no tienen porqué coincidir con los de los hijos. Es frecuente que los niños den menos importancia a los comentarios o hechos que les suceden. Puede ocurrir que el pequeño cuente en casa un comentario racista que ha recibido en el colegio, al que no ha concedido mucha importancia. Si ante dicho comentario los padres se alteran o manifiestan una actitud de mucha alarma, estarán transmitiendo a su hijo que el hecho es mucho más grave de que lo él había considerado y esta actitud no le beneficiaría.

Ante las preguntas indiscretas es necesario tener en cuenta que cuando respondamos debemos cambiar el centro de atención del niño a la familia, por ejemplo si a un niña china que va con su madre la preguntan “¿Y esta niña china, de verdad es tuya?” Si contestamos algo así: ”Claro que es mi hija” estamos llevando la atención a la niña, y eso no le hará sentirse muy bien, lo que suelen pensar los niños en estas circunstancias es que hay algo malo en ellos. Si contestamos: “Si, somos una familia adoptiva” estamos quitando el foco de atención en la niña y por lo tanto no se sentirá tan protagonista.

Después de una situación así es importante hablar con ellos a solas, preguntarles cómo se han sentido, explicarles de donde puede venir ese comentario (ignorancia, inferioridad, mala educación) y aclararles siempre que ellos no tienen la culpa de nada de lo que ha pasado.

También hay que evitar dar una respuesta que refuerce la pregunta, por ejemplo ante “¿Y cuanto te ha costado este niño?” No contestar: “No me ha costado nada, los niños no se compran”, pues el cerebro no entiende de negativos, sin embargo el niño captará que se está hablando de cuánto ha costado él. En su lugar podemos decir: “Tres años y mucha ilusión” Esta respuesta no incluye el dinero en su formulación y le da al niño un mensaje muy diferente.

Dar respuestas diferentes proporciona al niño un modelo de afrontamiento ante las inconveniencias para cuando esté él solo y tenga que defenderse.

Diferentes tipos de respuesta

Por último vamos a considerar diferentes formas de responder: Respuestas informativas, cómicas o protectoras.

Las informativas, dan alguna explicación sobre la familia o el niño, su objetivo es educar, y son adecuadas para familiares y amigos cercanos. Con las cómicas se pretende reducir la tensión del momento y no contestar, pueden utilizarse con extraños y las protectoras, como su nombre indica, tienen como objetivo proteger a los niños, son respuestas bruscas y se pueden utilizar con extraños.

Ejemplo: Le estás probando un pantalón a tu hija y la dependienta te pregunta: ¿Qué chinita más guapa, es tu hija de verdad? Respuesta informativa: “Si, somos una familia adoptiva!”. Respuesta cómica “¡No, es un robot último modelo, a que mola!” Respuesta protectora “Si me perdona por no responder, yo le perdono por preguntar!

En cualquier caso, siempre tendremos que tener en cuenta el carácter de nuestro hijo, y ver cómo reacciona y con qué tipo de respuestas se siente más a gusto.

Montse Lapastora Directora Psicoveritas

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