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Autoimagen y el autoconcepto: cómo afectan a nuestra autoestima y a la relación con tu cuerpo

La autoimagen y el autoconcepto de nosotros mismos y de nuestro cuerpo influye directamente sobre nuestra autoestima.

La autoestima es una autovaloración que está compuesta de pensamientos, conductas y sentimientos que tenemos sobre nosotros mismos. Esta valoración, influirá en la manera que tenemos de relacionarnos con los demás y en la manera en la que nos expresamos hacia el mundo.

Las personas, no nacemos con un nivel de autoestima si no que se va desarrollando y formando a lo largo de nuestra vida según nuestras vivencias, estilos de apego y las percepciones que tienen los demás sobre nosotros. Es por esto, por lo que la infancia es una etapa clave en la formación de nuestra autoestima ya que desde que somos muy pequeños comenzamos a adquirir las diferentes creencias y afirmaciones que hacen nuestros familiares y amigos de nosotros mismos y se comenzarán a crear las bases de nuestras creencias y nuestra personalidad. Sin embargo, esto no significa que se mantenga estable durante toda la vida si no que la autoestima va cambiando según el momento vital en el que nos encontremos y las experiencias que vivimos. 

Tener una buena autoestima es muy importante ya que afecta a muchos ámbitos de nuestra vida y debemos ser capaces de trabajarla para poder estar a gusto con nosotros mismos. Un nivel adecuado de autoestima mejora la regulación emocional, las relaciones interpersonales y nos hace desarrollar habilidades y fortalezas para superar momentos complicados. Además, una buena autoestima nos permite motivarnos para alcanzar nuestros objetivos, mejora el estado de ánimo y nos hace ser más felices.

Por todo lo mencionado, es muy importante trabajar la autoestima diariamente. Para ello debemos ser capaces de querernos a nosotros mismos tal y como somos conociendo nuestras fortalezas y nuestras debilidades para poder autorrealizarnos como personas. En función de nuestro conocimiento personal también debemos ser capaces de establecer objetivos que nos permitan cumplir nuestras metas desde una actitud positiva que nos haga realmente sentirnos valiosos. 

Por último, cuando uno está bien consigo mismo, esto también se refleja en la relación que tiene con los demás, y sus relaciones de pareja y de amistad se consolidarán en una base mucho más sólida que permita tener relaciones adaptativas y funcionales basadas en la confianza mutua. 

Por otro lado, el autoconcepto es la “imagen” que hemos creado de nosotros mismos, es decir,  el conjunto de ideas que creemos que nos definen tanto consciente como inconscientemente. Aunque parezca un concepto muy similar a la autoestima, hacen referencia a aspectos diferentes de la persona. La autoestima, se refiere a la valoración que nos damos a nosotros mismos mientras que el autoconcepto es la imagen o la idea que tenemos de nosotros mismos pero sin calificarla con ningún valor. 

El autoconcepto, según la teoría social, se divide en dos componentes: la identidad personal y la identidad social. La identidad personal, hace referencia a nuestra personalidad y a otros aspectos que nos hacen únicos y que forman parte de nuestra identidad y carácter. En cambio, el componente social, se refiere al concepto que creamos de nosotros mismos a partir de los grupos sociales a los que pertenecemos así como la cultura o la religión.

 

Diferentes tipos de relación con nuestro cuerpo

Normalmente, la baja autoestima y los problemas con la autoimagen derivan de situaciones en la infancia donde no ha existido un apego seguro. Una falta de confianza y de afecto por los padres durante los primeros años de vida puede conllevar el desarrollo de grandes niveles de inseguridad y falta de aceptación que acaban en problemas de autoestima. Algunas indicaciones de que la persona no tiene una buena autoestima son; el abandono a uno mismo, tristeza, inseguridad sobre su aspecto físico y sus habilidades, pensamientos negativos sobre uno mismo, autocrítica constante, timidez, autoexigencia, etc. Es por esto por lo que tener una buena relación con nuestro cuerpo es muy importante ya que es la primera vía de expresión que tenemos hacia el exterior. 

Sin embargo, existen muchas maneras de relacionarse con el cuerpo en función de la utilidad que se le de a este y cómo se cuide. En muchos casos, la relación es estrictamente instrumental, es decir, una vía que únicamente nos sirve para conseguir algún fin como tener un impacto en los demás. En estos casos, las personas se cuidan para atraer y gustar a los demás o, por el contrario, se ocultan de los demás descuidándose para pasar desapercibidos. 

Por otro lado, en muchos casos, la relación con el cuerpo es solo funcional. Esto ocurre cuando la persona solo se acuerda de su cuerpo cuando siente dolor o enfermedad mientras que cuando está saludable y se encuentra bien, la persona se olvida de él y lo descuida. 

Existen también casos en los que las personas tienen una relación distante con su cuerpo y lo ignoran y lo descuidan dejando su importancia a un segundo plano e incluso sintiendo desprecio hacia él. Y, en el otro extremo, se encuentran las personas que tienen una relación obsesiva con su cuerpo y que son muy aprehensivos. Son muy intolerables y acaban teniendo problemas de ansiedad, de conducta alimentaria, obsesiones, etc. 

En resumen, existen diversas maneras de relacionarse con el cuerpo y todas ellas se encuentran ligadas al contexto en el que nos encontramos. Están relacionados con la historia vital de cada uno, sus creencias y con las miradas que recibimos de los demás. Esta relación también se encuentra reforzada por la cultura de imagen y de culto al cuerpo que heredamos de nuestro entorno que imponen ciertos cánones de belleza para poder encajar. Para tener una relación sana con nuestro cuerpo, es importante desvincularse de estas creencias y así sanar el vínculo con nuestro cuerpo. 

 

La obsesión por el cuerpo perfecto y la belleza

Actualmente, vivimos en una sociedad que se encuentra bombardeada con información sobre el cuerpo perfecto y la obligación de cumplir con ciertos estándares físicos para poder pertenecer a un grupo social y así encajar. Estamos constantemente rodeados de imágenes de cuerpos perfectos y musculosos asociados con la perfección. Esto hace que las personas que no cumplen con estos estándares se sientan frustradas ya que a pesar de que lo intente parece que nunca consiguen alcanzar dichos cuerpos.

¿Te ha preocupado o limitado alguna vez tu aspecto físico? 

Es normal que a todos nosotros nos importe la imagen que damos al resto y queramos cuidarla. Esto de hecho, en su justa medida es algo saludable que hace que nos preocupemos por nosotros mismos y que hace que tengamos una relación sana y un buen vínculo con nuestro cuerpo. El problema surge cuando esta preocupación se convierte en una obsesión con lograr un cuerpo o un físico que consideramos perfecto. 

En este momento en el que las personas se obsesionan con un cuerpo o con una imagen es cuando comienzan los problemas ya que a pesar de que crea que está cuidándose por hacer ejercicio o comer menos, esto realmente es un castigo hacia nosotros mismos. 

¿Crees que cada vez hay más obsesión por el aspecto físico?

Como he mencionado anteriormente, estamos sometidos a una gran cantidad de información sobre el cuerpo y la importancia de cumplir unos cánones de belleza que se han denominado “perfectos”. En el caso de la mujer se asocia con la delgadez y en los hombres con la musculatura. Además, esto es algo que actualmente se ve muy reforzado por las redes sociales ya que la gente trata de mostrar una imagen ideal. El problema de la actualidad es que pareciera que tiene más importancia la imagen física y corporal que otros valores que son mucho más importantes como la humildad, bondad, etc. 

Esto lo sufren sobre todo los adolescentes y los adultos jóvenes ya que sienten una gran inseguridad al compararse con estos patrones corporales que ven en sus redes sociales. Esto hace que su autoestima se vea afectada por un gran sentimiento de inferioridad que a su vez puede acarrear una obsesión con su cuerpo y su imagen corporal que le lleve a desarrollar un trastorno y que haga que dejen de ser ellos mismos.

Por ello, la clave es cuidar de manera equilibrada el cuerpo, conociendo su importancia y siendo capaces de desarrollar una relación sana que nos permita tener un buen vínculo con nosotros mismos. 

 

Consejos para tener una autoimagen sana y positiva

¿Aceptas tu cuerpo tal y como es?

La autoimagen es la visión que tenemos de nosotros mismos por lo que si la valoración que hacemos de nosotros es negativa, debemos de ponernos en marcha para mejorarla y cambiar nuestra autoestima. Para ello, es importante:

  • Conectar con nosotros mismos, saber qué es lo que nos pide el cuerpo y ser capaces de escucharlo cuando no nos sentimos bien. Es importante que tomemos conciencia de nuestro físico y de la relación que queremos tener con nosotros mismos.
  • Conocer nuestras fortalezas y nuestros puntos débiles para llegar a un autoconocimiento que nos permita convertirnos en la persona que deseamos ser. Además aunque parezca obvio debemos ser capaces de dejar de escuchar las críticas negativas que hagan los demás y centrarnos en aquellas que sean constructivas y que nos permitan seguir evolucionando hacia una mejor versión de uno mismo.
  • Que podamos establecer objetivos realistas y positivos que podamos alcanzar para poder ver nuestro progreso tanto personal como físicamente. Solo de este modo, nos sentiremos motivados para continuar con nuestro trabajo personal.
  • Ponerse en manos de un profesional cuando no nos sintamos capaces de hacer frente a nuestras dificultades para poder trabajar de manera más profunda nuestra autoestima.

¿Por qué es importante tener una buena relación con tu cuerpo?

Como sabemos, todas las dimensiones de nuestro cuerpo están relacionadas entre sí y debemos trabajar sobre todas ellas para poder ser personas realmente saludables en todos los niveles. Esto significa que el cuerpo y la mente están interrelacionados ya que las emociones positivas o negativas que experimentamos hacia nosotros mismos, son un reflejo de nuestra salud. Nuestra mente, tiene la capacidad de que estas emociones influyan en nuestro cuerpo, llegando incluso a alterar estados hormonales y afectando a nuestro sistema inmune haciendo que podamos llegar a desarrollar enfermedades .

Por ello, es muy importante que la relación que tengamos con el cuerpo sea una relación sana ya que las dimensiones de la persona están relacionadas y todas se afectan entre sí. 

 

La aceptación del cuerpo en la adolescencia

Durante la infancia, el niño va recibiendo diferentes estímulos que va interiorizando y que va asentando en la base de sus creencias. En la adolescencia, la preocupación por el cuerpo y el aspecto físico es mucho mayor ya que es una etapa del ciclo vital donde comenzamos a preocuparnos por la imagen que damos al resto. Esto se debe a que aumenta la comparación con los iguales para no tratar de destacar por ser diferente a los demás ya que considera que su aspecto físico es crucial para su felicidad y para encajar. 

Durante la adolescencia, el cuerpo comienza a activar una serie de hormonas que hacen que cambiemos tanto física como personalmente, y esto puede hacer que no nos reconozcamos al mirarnos al espejo. Comienzan a manifestarse los caracteres sexuales y este cambio puede generar un fuerte impacto en la percepción de la imagen corporal. En este momento, el pensamiento del adolescente no va a la par del cambio hormonal y es ahí cuando pueden aparecer cambios en la autoestima que hace que no acepten su cuerpo, que generen expectativas sobre el “cuerpo ideal”. Como hemos mencionado antes, estos estándares idealizados de belleza se perpetúan a través de la cultura y de las redes sociales a las cuales los adolescentes cada vez están más expuestos. De este modo, los adolescentes hacen una evaluación sobre su aspecto físico basándose en estos cánones de perfección que en muchos casos son inalcanzables. 

Por este motivo, las figuras de referencia como su familia, deberían interesarse por estos temas que preocupan al adolescente. Así, hablar de sus virtudes de una forma constructiva hace que sea más fácil para el adolescente sobrellevar la presión a la que se siente sometido por querer ser como los demás. Sin embargo, esto no va a hacer que desaparezcan sus preocupaciones ya que para el adolescente es imposible no preocuparse con su aspecto físico por la etapa del ciclo vital en la que se encuentran ya que se caracteriza por un sentimiento de “egocentrismo” que le hace pensar que los demás están constantemente pendientes de él. Pero si se sienten bien consigo mismos, esto hace que disminuya el sufrimiento y que sean capaces de afrontar sus dificultades con más recursos para poder defenderse y tener una buena autoestima. 

Otro factor importante en la adolescencia es que exploren nuevas emociones y diferentes estilos para poder conocerse más a sí mismos y saber con qué se identifican distanciándose de las creencias de sus padres. En estos momentos, es importante actuar con tolerancia y respeto para que no sientan que reciben ninguna imposición sobre ellos. Por otro lado, la adolescencia es una etapa de experimentar y buscar qué es aquello que les llama y con lo que se sienten identificados por lo que comprender esto hace que los adolescentes se sientan acompañados y puedan desarrollarse de una forma saludable. Este conocimiento sobre ellos mismos, les ayudará a mejorar su autoestima y su personalidad para la vida adulta. 

En resumen, una buen trabajo de aceptación hará que puedan adaptarse mejor a la sociedad ya que un adolescente con buena autoestima interpreta de manera más adaptativa las complicaciones y las experiencias negativas por lo que también mejorarán sus relaciones interpersonales y su afectividad.

 

Qué es la dismorfia corporal y cómo controlarla

La dismorfia corporal es un trastorno relacionado con la percepción de la imagen física y hace referencia a la visión que tienen las personas de su cuerpo y de su apariencia. Se ha clasificado dentro de los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados ya que se basa en una obsesión exagerada sobre su apariencia física además de llevar a cabo actos compulsivos para tratar de disminuir o eliminar este defecto. Afecta de igual modo a hombres y a mujeres y actualmente no se conoce ninguna causa exacta que derive en este trastorno. 

Las personas tenemos complejos por algún defecto de nuestro físico y esto es completamente normal, el problema surge cuando esto se magnifica y se convierte en una obsesión. Por otro lado, existen otros casos en las que la persona tiene una percepción errónea de su cuerpo y se llegan a ver gordas e incluso obesas, cuando realmente no tienen ningún tipo sobrepeso y en algunos casos, tienen infrapeso. Este trastorno, hace que se obsesionen con cambiar aquello que no les gusta de manera disfuncional afectando en su vida diaria. 

Algunos síntomas de la dismorfia son los siguientes;

  • Preocupación excesiva por algún defecto o parte del cuerpo que los demás no perciben. 
  • Creencias  irracionales sobre un defecto que realmente no existe. 
  • Convicción de que los demás perciben algo negativo de tu imagen.
  • Conductas repetitivas que no son capaces de resistir para tratar de remediar algún defecto.
  • Evitar mirarse al espejo ya que no son capaces de aceptar su apariencia física.
  • Intentos compulsivos por ocultar los defectos percibidos con el estilo, el maquillaje o la ropa.
  • Comparación constante con el físico y el cuerpo de los demás.
  • Buscar constantemente la aprobación por parte de los demás.
  • Perfeccionistas.
  • Evitar situaciones sociales.

En muchos casos, el trastorno dismórfico corporal se desarrolla durante la adolescencia. Como hemos mencionado antes, esta etapa es un momento difícil ya que la preocupación por la apariencia y por ser como los demás adquiere mucho protagonismo en la vida del adolescente. Estos pacientes, se centran tanto en su imagen corporal que se sienten amenazados por sus defectos considerándose con menos valor que los demás. Además, tienen altos niveles de angustia que hace que disminuya su funcionamiento personal ya que no son capaces de ver más allá de aquello que no les gusta de sí mismos. Con el paso del tiempo, estas personas tienden a aislarse ya que creen que si se exponen a eventos sociales las personas van a juzgar su aspecto físico y esto les provoca niveles muy altos de ansiedad. 

En cuanto al tratamiento de este trastorno, generalmente se llevan a cabo terapias cognitivo conductuales que buscan cambiar los patrones desadaptativos de pensamiento así como las conductas o rituales que se llevan a cabo para disminuir el defecto físico. Este tipo de terapia se centra sobre todo en aprender cómo los pensamientos negativos hacen que el problema se mantenga, desafiar estos pensamientos y aprender maneras más adaptativas de pensar y aprender nuevas alternativas para manejar los impulsos o rituales que lleva a cabo la persona para compensar estas obsesiones. 

Por otro lado, para tener una buena relación con nuestro cuerpo y evitar acabar desarrollando este tipo de obsesiones sobre algún defecto es importante trabajar la aceptación personal. Para ello, es muy importante ser consciente de que nadie es perfecto y que todos nosotros tenemos nuestros defectos y nuestras virtudes. No debemos avergonzarnos de quiénes somos si no tratar de potenciar nuestras fortalezas para poder ser la mejor versión de nosotros mismos sin caer en comparaciones con los demás. 

 


Para saber más:

BAJA AUTOESTIMA INFANTIL

TRASTORNOS ALIMENTARIOS

AUTOESTIMA

 

 

 

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