Cuándo ¿Debo preocuparme por las pesadillas de mi hijo? La mayoría de los padres, en algún momento de su vida, han tenido que acudir a la habitación de su hijo o hija para consolarles tras una pesadilla.

Pero algunos padres se han encontrado con que lo que sufrían sus hijos no eran simples pesadillas, sino lo que comúnmente denominamos terrores nocturnos.

Los terrores nocturnos.

Los terrores nocturnos son uno de los trastornos del sueño más frecuentes durante la etapa infantil. Se caracterizan por ser episodios repentinos de terror durante las fases más profundas del sueño en el primer tercio de la noche (sueño no REM).

Son episodios muy breves, duran desde varios segundos hasta unos pocos minutos y finalizan de forma espontánea, sin que el niño se despierte o sea consciente de lo sucedido.

Estos episodios suelen iniciarse con un grito o llanto por parte del niño a mitad de la noche. Cuando los padres llegan a la habitación se le pueden encontrar incorporado en la cama con una expresión de terror, sudoroso y con la respiración y el ritmo cardíaco acelerado.

Además, pueden estar alterados y agitados, incluso pueden llegar a patalear y querer apartarnos, así que tenemos que tener cuidado de no hacernos daño.

La calma del niño.

Al poco tiempo, el niño se calma y vuelve a dormirse como si nada hubiera pasado. A pesar de lo anterior, es importante destacar que el niño durante el episodio no está despierto, así que no responderá a nuestra voz o nuestros gestos.

A pesar de que suele ser un episodio que asusta a los padres por su intensidad, en realidad no debe ser un motivo de preocupación ni significa que haya un problema de salud físico o psicológico detrás. Suelen desaparecer por sí solos antes de la adolescencia.

Se diferencian de las pesadillas en que estas son sueños “feos”, que producen miedo (en menor intensidad) y que tienen lugar en la fase REM, en la segunda parte de la noche, produciendo un despertar completo.

En las pesadillas el niño se despertará aterrado y llorará hasta que sus padres consigan calmarlo, siendo capaz de recordar el episodio y el sueño al día siguiente. Esto no ocurre con los terrores nocturnos.

¿Cuándo es más frecuente que aparezcan los terrones nocturnos?

Los terrores nocturnos son más frecuentes cuando el niño está agotado, está pasando por una etapa de estrés, sufre de alguna enfermedad (especialmente con fiebre), por el efecto de algún fármaco, por tener malos hábitos de sueño, etc.  

Suele haber antecedentes familiares y normalmente cesarán a lo largo del tiempo, sin que sea necesario ninguna intervención o tratamiento específico.

Un trastorno que no tiene consecuencias negativas para la salud.

Si bien es un trastorno que no tiene consecuencias negativas para la salud y que en la mayoría de los casos no va a requerir tratamiento, podemos recomendar algunas pautas para evitar o prevenir este tipo de episodios.

  • Evitar situaciones de ansiedad/estrés. Cree un ambiente de seguridad y confianza donde el niño pueda expresar todas sus preocupaciones, además de trabajar el estrés que el niño pueda estar sufriendo en el día a día.

 

  • Buenos hábitos e higiene del sueño. No tener cenas copiosas antes de dormir, realizar actividades agradables y tranquilas antes de dormir, dormir horas suficientes para garantizar un descanso adecuado…

En caso de que su hijo ya sufra de terrores nocturnos recomendamos…

  • No intentar despertar al niño. No suele funcionar y, en caso de conseguirlo, sólo crearemos más confusión en el niño, incrementando su ansiedad.
  • Acercarse con suavidad y manteniendo la calma.
  • Vigilar que el niño no se haga daño: quite objetos cercanos a la cama y aparte la cama de la pared para evitar golpes y lesiones, especialmente si hay agitación.
  • Permanezca al lado del niño hasta que se pase. Una vez que haya terminado, acuéstale nuevamente.

Aunque lo más habitual es que estos episodios se den de forma aislada y que vayan desapareciendo a medida que el niño crece, se recomienda acudir a un profesional en caso de que sean episodios excesivos, muy largos o violentos o si están produciendo un gran malestar y afectación en la vida del niño y de las personas que le rodean.

Si es vuestro caso en Psicoveritas estaremos encantados de ayudaros.

 

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