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Acabamos de vivir Halloween, una de las fiestas en las que el MIEDO es la mayor protagonista. Pero, ¿Qué pasa cuando sentimos miedo de verdad? ¿Y si ese miedo me incapacita, o incapacita a mi hijo/a?

El miedo es una emoción primaria que cumple una función adaptativa esencial en el ser humano: sobrevivir y permitir, por lo tanto, que perdure nuestra especie. Gracias al miedo, podemos reconocer los peligros de nuestro entorno y alejarnos de ellos, evitarlos y así, mantener nuestra supervivencia. 

Si bien es cierto que se trata de una emoción cuya función nos ha mantenido a salvo a lo largo de los años, actualmente, por lo general no solemos estar rodeados de aquellos peligros que puedan poner en riesgo la supervivencia (depredadores o entornos inseguros), sino que se trata de otro tipo de estímulos que, por diversas razones, reconocemos como amenazantes: un examen, una exposición en público, viajar en avión, las arañas, las alturas… 

 

¿Por qué sentimos miedo?

miedo

Todos sentimos miedo alguna vez y es totalmente normal. De nuevo, se trata de una reacción emocional que, a pesar de resultar desagradable, cumple una función en nosotros, es decir, nos es útil. 

Las razones por las que sentimos miedo pueden ser diversas, dependiendo del estímulo que estemos considerando como amenazante.

Existen situaciones que provocan en nosotros, instintivamente, una reacción de miedo que podemos considerar normal. Por ejemplo, uno de los miedos más comunes es el miedo a las alturas. ¿Por qué? Porque se trata de una situación que nuestro cerebro, evolutivamente, ha considerado de alto riesgo para la supervivencia de la especie. Si caemos desde una altura considerable, las probabilidades de sobrevivir son ínfimas. Lo mismo sucede, por ejemplo, en otras actividades de riesgo tales como paracaidismo o puenting, con los vuelos en avión, la velocidad, los depredadores, insectos, etc. 

Otro de los miedos más comunes en niños/as es el miedo a la oscuridad o el miedo a dormir solos. Generalmente, se trata de miedos evolutivos que suelen desaparecer conforme se van sintiendo más seguros. Como podéis intuir, los miedos en los niños guardan una estrecha relación con el tipo de apego que se esté desarrollando.

En algunas ocasiones, las experiencias que vivimos y las reacciones que tenemos ante ellas se quedan grabadas en nuestro cerebro y condicionan que reaccionemos de manera similar ante diversas situaciones en el presente. Por ejemplo, si tuviste un accidente de coche, puede que tu mente haya condicionado ese estímulo como amenazante y provoque en ti una reacción de miedo en el presente, incluso sabiendo que no siempre existirá el mismo riesgo real. 

Al igual que en los adultos, las razones por las que un niño puede sentir miedo pueden ser también muy diversas y es importante diferenciar si se trata de un miedo “natural” o bien una fobia que le incapacita. Generalmente, si se trata de esta segunda opción, el miedo está siendo un reflejo de cómo se manifiesta la ansiedad en él/ella, y habría que trabajar sobre la raíz de dicha ansiedad. Esto ocurre, sobre todo, cuando se trata de fobias que van variando a lo largo del tiempo (fobia a la oscuridad, a dormir solo, a  los monstruos, al fuego…) y que provocan en ellos un alto nivel de sufrimiento. 

 

Diferencia entre miedo y fobia

Como hemos visto, el miedo es adaptativo, nos permite sobrevivir. Sin embargo, hay veces que ese miedo se convierte en fobia, y provoca en nosotros:

  • Sensación de falta de control, tanto de nuestros pensamientos (irracionales) como de nuestros actos (inmovilidad, bloqueo, temblor, escape)
  • Estado de ansiedad continuo y persistente 
  • Ataques de pánico 
  • Síntomas fisiológicos de alta intensidad (mareos, dolor de pecho, ritmo cardiaco acelerado, sudoración, náuseas, síntomas gastrointestinales…)
  • Interferencia en nuestro funcionamiento diario

fobia

Las fobias, además, se caracterizan por no atender a la lógica. Es decir, por más que le expliquemos a un niño que no pasa nada porque duerma solo en la oscuridad, él/ella va a seguir sintiendo esa sensación de inseguridad. 

Por otro lado, dado que provoca un alto sufrimiento en las personas que lo padecen porque interfiere en su vida cotidiana, éstas suelen iniciar una serie de cambios en sus rutinas y conducta con el fin de calmar ese malestar. Estos cambios, generalmente, están basados en la evitación de la exposición a situaciones o estímulos que provocan dicha fobia. Por ejemplo, un/a niño/a que tiene miedo al ascensor, posiblemente evite montarse en él y subirá por las escaleras, aunque tenga que subir 8 plantas.

Es entonces cuando un miedo, en principio adaptativo, se convierte en desadaptativo y comienza a repercutir en su calidad de vida.

 

¿Cómo se tratan las fobias?

Por supuesto, las fobias se pueden tratar. Es más, se trata de una de las causas más frecuentes por las que adultos y niños acuden a terapia. 

Desde la psicoterapia existen diferentes herramientas para trabajar las fobias. El terapeuta, tras recoger la historia clínica (de la mano de los padres, en el caso de niños) y realizar las evaluaciones pertinentes, determinará cuál será el proceso a seguir. Es importante que dejemos en manos de un profesional este proceso para que no empeoren los síntomas y podamos recuperar nuestro ritmo de vida normal. 

En el caso de los/las niños/as, es muy importante que no se les juzgue por sentir esos miedos, que se recoja de manera empática su emoción, enfatizando que es normal y lógico que se sientan así y, por lo tanto, no se les obligue a realizar aquellas actividades que no se ven capaces de hacer, ni se les tache de cobardes. 

Poco a poco entenderán que el miedo es una emoción buena, al igual que el resto, y que está ahí para protegerles y hacerles sentir seguridad. Conforme vayan sintiéndose más seguros, ese miedo ya no necesitará estar y se irá yendo. Normalizar las emociones, no demonizarlas. Es muy importante que ellos vean que son igual de válidos y aceptados aún sintiendo miedo.

Desde Psicoveritas trabajamos mediante EMDR, una técnica avalada científicamente con la que abordamos el problema a nivel individual y familiar. De la mano de un profesional se logrará tomar el control, dejar de sufrir y mejorar nuestra calidad de vida y la de los más pequeños de la casa. 

Miedos y fobias


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