La herida de la injusticia y sus características
¿Por qué siento que me han hecho una injusticia? ¿Qué es la herida de la injusticia y cuales son sus características?
Una persona que sufre de injusticia es alguien que no se siente valorado o respetado por su justo valor, no cree que está recibiendo lo que se merece, o que ha recibido más de lo que se merece.
Esta herida se presenta a medida que se desarrolla la individualidad del niño, de los 3 a los 5 años de edad. Al niño le parece injusto no poder integrarse ni expresarse. Debe ser y actuar como debe ser, no como necesita ser.
La herida de la injusticia se genera cuando los padres o figuras referenciales son personas rígidas y distantes emocionalmente, críticos, severos y su modelo educativo es el autoritario, no ven al niño o niña, no siendo respetuosos con sus deseos y sus características personales. Todo esto unido a una exigencia constante e irreal provocará en los menores un sentimiento de incapacidad y minusvaloración, inutilidad e ineficacia que se instalará en ellos en forma de sensación de injusticia.
¿Cómo se siente alguien tras una injusticia?
Las personas que tienen la herida de injusticia a menudo tienen dificultades para:
- Aceptar puntos de vista y opiniones diferentes en una conversación.
- Llegar a acuerdos.
- Poner límites.
- Aceptar sus errores.
La persona con herida de injusticia conecta con estas conductas:
- Autoexigencia.
- Orden extremo.
- Alto perfeccionismo, asociado al concepto justicia: “si es perfecto es justo”.
- Sentirte importante.
- Opiniones como verdades absolutas.
- Detestan la autoridad.
- Hacer lo correcto. Valores como honestidad, respeto, integridad, justicia.
- Falta de aprecio y valoración. No saben recibir cumplidos porque creen que no los merecen.
- Fríos, rígidos y duros con los demás.
- Inflexibles.
Tipos de injusticias que puede sufrir una persona
¿Qué injusticias causan más heridas emocionales?
Algunos ejemplos de injusticias que puede sufrir hoy en día una persona son:
Guerras: cuando estalla la guerra surge una situación injusta, porque en muchos casos son las personas las más afectadas por las condiciones de la guerra.
Violencia: cualquier tipo de violencia es una situación injusta. La violencia puede ser física, psicológica, verbal y sexual y ocurre en lugares como familias, escuelas, deporte, trabajo y en otros grupos sociales. Algunos tipos de violencia son la violencia de género, el bullying, el acoso, la violencia racista, etc.
Censura: cuando se impide a los individuos expresar sus opiniones y puntos de vista, se produce un patrón de injusticia que no permite que los ciudadanos ejerzan plenamente sus derechos.

Discriminación: cuando una persona es discriminada por cualquier motivo (raza, edad, género, opinión, religión), es un acto injusto que debe ser condenado y perseguido.
Desigualdad: cuando no todos los individuos pueden satisfacer sus necesidades básicas, se dan casos de injusticia porque a algunos ciudadanos se les niega el acceso a derechos como la salud, la educación y una vivienda adecuada.
Corrupción: cuando uno o más políticos se enriquecen pagando el precio de sus bienes personales con dinero público, cometen un acto vergonzoso, por el cual el dinero de los contribuyentes se utiliza para otros fines.
Engaño: cuando una persona miente u oculta información a otros a su costa, comete un acto injusto.
Robar: cuando una persona le quita a otra algo que le pertenece, se dan casos de injusticia, violación de derechos y violación de la armonía social.
Maltrato Animal: cuando se maltrata a los animales, se comete una injusticia porque están indefensos.
Copia: cuando una persona copia total o parcialmente una obra que no posee sin el consentimiento del autor, se produce una práctica desleal.
Violación de derechos: cuando los Estados violan los derechos humanos de las personas de un país y prohíben toda posibilidad de denuncia o de búsqueda de ayuda, se produce un acto de injusticia.
Máscara de rigidez para la herida de injusticia
La respuesta a la injusticia es alejarme de la idea de protegerme, dejo de ver mis necesidades y hago “lo que tengo que hacer”, lo que me lleva a ser muy exigente conmigo mismo, a vivir con mucha tensión, a estar nervioso, sentirme rígido y neurótico la mayor parte del tiempo. Cometo el error de pensar que lo que estoy haciendo nunca será suficiente, y es muy frustrante para mí.
Estas personas se caracterizan por ser:
- Muy sensibles, aunque tienen la capacidad de no sentir esa sensibilidad y de no mostrarla a los otros.
- Optimistas.
- Perfeccionistas.
- Cuando creen que tienen la razón se justifican y la defienden hasta que se les da la razón.
- Intentan ser justos y se aseguran de que lo que reciben también sea justo, todo lo ven como justo o injusto y es algo que no pueden tolerar.
- Exigente consigo mismo.
- Exageran con facilidad sus palabras, por ejemplo: “nunca, siempre y muy”.
- No les gusta mostrar sus emociones, aunque predomina la emoción de ira.
- Su gran temor: equivocarse.
- Les gusta tomar decisiones y sienten placer ante eso, aunque después dudan de ellos mismos.
- Les cuesta expresar lo que sienten y demostrar su amor.
- Tienden a compararse con quienes consideran mejores que ellos, o más perfectos y si tienen hijos también los comparan mucho.
- La frialdad es su gran temor. Les es difícil aceptar su propia frialdad como la de otros y hacen lo posible por mostrarse cálidos.
- Tensión muscular en espalda y cuello o partes flexibles: tobillos, muñecas, rodillas, cadera, codo, se crujen los dedos para flexibilizarlos.
- Agotamiento por exceso de trabajo.
- Calambres cuando se retrae o modera por temor.
- Varices, problemas de circulación, por su dificultad para sentir placer.
- Nerviosismo, viven en estado de ansiedad constante.
- Insomnio debido a que las cosas tienen que estar acabadas y perfectas antes de irse a dormir.
¿Cómo sanar la herida de la injusticia?
Las experiencias dolorosas por las que pasamos a lo largo de la vida son nuestras heridas emocionales. Estas heridas pueden ser muchas y pueden llamarse de muchas formas: traición, humillación, desconfianza, deserción, injusticia…
Debemos prestar atención a nuestras heridas emocionales y evitar maquillarlas, porque cuanto más esperemos a que sanen por sí solas, peor se pondrán. Además, cuando estamos heridos, estamos constantemente expuestos a situaciones que afectan nuestro dolor y hacen que usemos muchas máscaras por miedo a revivirlo.
Por eso a continuación te mostramos los seis pasos que todos tenemos que dar para sanar nuestras heridas emocionales: 
- Acepta el dolor como parte de ti mismo
La herida está ahí, puedes estar de acuerdo o en desacuerdo con su existencia, pero el primer paso es aceptar la posibilidad de que está. Según Lisa Burbour, aceptar el daño significa mirarlo, observarlo y saber que hay situaciones que enfrentar y que es parte de la experiencia humana.
No somos mejores o peores solo porque algo nos lastime. Construir tu propio escudo es un acto heroico, un acto de amor propio que tiene mucho mérito pero cumple su propósito. En otras palabras, te ha protegido de ambientes que te dañan, pero una vez que la herida está abierta y puedes verla, es hora de pensar en curarla, porque, seguramente el entorno actual, ya no es el que te generó la herida.
- Acepta el hecho de que lo que temes o reprochas te lo haces a ti mismo y a los demás
La voluntad y la determinación para superar las heridas emocionales son el primer paso hacia la paciencia, la compasión y la autocomprensión. Estas cualidades que desarrollarás para ti mismo, las desarrollarás para los demás, lo que alimentará tu felicidad.
A veces no nos damos cuenta de que ponemos nuestras expectativas importantes en los demás, con la esperanza de que llenen nuestro vacío y cumplan nuestras esperanzas. Lo cierto es que nuestro comportamiento lleva a anular las relaciones y gran parte de nuestra vida, creando un gran malestar porque los demás no reaccionan como esperamos.
- Permítete enojarte con los que alimentan esta herida
Cuanto más sufrimos y más profundas se vuelven nuestras heridas, más natural y humano se vuelve culpar y enojar a quienes nos lastiman. Permítete enojarte con ellos y perdónate a ti mismo. Si lo haces, te librarás de todo este resentimiento hacia ti mismo y hacia los demás, porque si no lo haces, será como rascarte constantemente tu propia herida.
La culpa nos dificulta perdonar, pero dejar ir esta culpa y el resentimiento es la única forma en que podemos sanar.
También debemos perdonar, porque debemos aceptar que aquellos que han sido heridos tienen la capacidad de soportar su propio dolor en el fondo. Nosotros mismos lastimamos a otros con las máscaras que usamos para proteger nuestras heridas.
- No podemos cambiar si no aceptamos nuestras heridas emocionales
Estas heridas te enseñarán algo, e incluso puede resultarte difícil de aceptar porque nuestro ego crea una barrera protectora muy eficaz para ocultar nuestros problemas.
Es cierto que el ego suele querer y cree tomar el camino fácil, pero en realidad nos complica la vida. Son nuestros pensamientos, reflexiones y acciones los que nos lo hacen sencillo, aunque nos parezca tan complicado porque tenemos que esforzarnos.
Tratamos de ocultar el dolor que más nos duele porque tenemos miedo de mirarnos y vivirlo todo de nuevo. Esto nos obliga a usar una máscara y empeora las consecuencias del problema al que nos enfrentamos, porque, entre otras cosas, dejamos de ser nosotros mismos.
- Date tiempo para notar cómo te relacionas con la herida
Lo ideal es quitarnos estas máscaras lo más rápido posible, sin criticarnos ni juzgarnos, ya que esto nos permitirá decidir cómo tratar nuestras heridas para sanarlas. La máscara se puede cambiar durante el día o se puede usar la misma máscara durante meses o días. Lo ideal sería que te dijeras a ti mismo: Bueno, yo llevo esa máscara y la razón ha sido esta.
- Vivir el presente
Las experiencias traumáticas y estancarnos en el pasado nos dificultará disfrutar de la vida. Por eso, empieza a apreciar y agradecer todo lo que tienes y lo que hay en el aquí y ahora.
También, una de las técnicas más sensibles para comunicarnos con el momento presente es el mindfulness o atención plena. Pruébalo, no te arrepentirás.
