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¿Qué es la herida del rechazo? 

Como seres humanos, tenemos la necesidad de compañía y de contacto cercano, de ser amados, incluidos y aceptados, de ser vistos, de ser recibidos por quiénes somos. Si esas necesidades están cubiertas nos convertimos en personas compasivas, colaboradoras y que sienten empatía por los demás, de lo contrario, puede surgir la herida del rechazo.

Sin embargo, todos, en alguna ocasión, nos hemos sentido rechazados: cuando no hemos sido seleccionados en el equipo de trabajo que esperábamos, cuando pides que te guarden sitio en la mesa y se les olvida o cuando la persona que te gusta habla con todo el mundo menos contigo. Pensamos que vamos a perder la aprobación de los demás, o sobre todo de personas que son significativas para nosotros. Si este sentimiento se da de manera recurrente y genera mucho dolor, estaríamos ante el caso de una herida de rechazo. 

Herida del rechazo-PadreLa herida del rechazo es una herida emocional, profunda, que tiene su origen en la infancia cuando no te has sentido aceptado por tus padres o por otros cuidadores principales o cuando las necesidades emocionales no han sido cubiertas. Recibir amor y conexión son necesarias para sentirnos bien. Esto lo encontramos en las personas de nuestro entorno que se muestran cariñosas y afectuosas, y que nos hacen sentir que somos importantes para ellas. Cuando esto no se da en la infancia, la persona va creciendo con esa herida interna de rechazo que tiene una repercusión en la vida adulta: se siente rechazada en su interior y cree que los que le rodean la rechazan, interpreta en muchos de sus actos o palabras una intención de rechazo que no es real, solo existe en su mente, por lo que la formación de su personalidad se verá afectada por esta herida. 

Los síntomas  más comunes que  genera esta herida son: tener baja autoestima, falta de autocuidado, buscar la aprobación y el reconocimiento de los demás de forma constante y desmedida, no dar su opinión ni expresar lo que siente por miedo a no ser aceptada, no poner límites, huir de las situaciones en las que se siente rechazado o con sensación de no pertenencia. 

El miedo al rechazo y la dependencia emocional 

El miedo al rechazo es un continuo temor a que los demás no nos acepten tal y como somos, y por tanto, a perder su aprobación. 

La dependencia emocional sería un miedo a dejar de ser queridos, a sentirse menos prioritarios o a ser abandonados. Una relación de dependencia emocional es un vínculo enfermizo que nos hace perder la razón, la consciencia y la propia conexión. La persona emocionalmente dependiente, siente que su vida no tiene valor si no es a través de su pareja, su temor al abandono hace que se someta a sus opiniones, que no las cuestione, que no manifieste su desacuerdo por temor a enfadarla y como consecuencia a que le deje.

En este tipo de relación, el dependiente puede no estar a gusto, pero siempre encuentra una u otra excusa para decidir seguir, o bien porque no puede enfrentarse a vivir sin él/ella o por un autoengaño constante de que hay solución o de que puede cambiar, cualquier cosa antes que enfrentarse al abandono.

En definitiva, el temor al abandono y la soledad  nos llevaría al miedo a quedarnos solos y esto a la  dependencia emocional hacia otra persona. 

Herida de abandono y rechazo: diferencias 

El abandono en la infancia se puede definir como la exposición o desamparo permanente de un menor, dejándolo en situaciones de subsistir a través de terceros. Existen diferentes tipos de abandono: prenatal (cuando la madre no se cuida en el embarazo o  practica conductas de riesgo para el feto);  precoz (abandono nada más nacer); por incapacidad de los padres (ya sea por enfermedad mental u otras circunstancias);  desinterés progresivo (padres que no pueden hacerse cargo del hijo y sus cuidados son cada vez más deficientes); muerte u hospitalización (aunque no haya ninguna intención de abandono por parte de los padres, el menor lo vive como si así fuese). Estas situaciones generan una herida de abandono en la persona que lo ha sufrido, incluso cuando se haya dado siendo un bebé de días o meses. Este sentimiento se instala en el psiquismo y genera alteraciones en el cerebro, tanto a nivel estructural como funcional.

También podemos sentir abandono en la vida adulta por una pareja u otra persona cercana, si cortan el vínculo. 

Aunque tanto el abandono como el rechazo generan sentimientos muy parecidos en cuanto al temor a que el otro nos deje, podemos decir que la herida de abandono se diferencia de la herida de rechazo, en que en el abandono los progenitores no han estado física o emocionalmente presentes, mientras que en la herida del rechazo los progenitores si han estado presentes, pero o bien han expresado enfado ante las demandas y necesidades de su hijo, o no lo han querido como éste necesitaba. 

Vivir con miedo al rechazo. Evitación de  compromisos y personas.

Como los seres humanos tenemos la necesidad de sentirnos amados, cuando nos rechazan nos sentimos mal, es una sensación desagradable que queremos evitar. El rechazo duele. De hecho, un estudio de la Universidad de Michigan ha descubierto que el cuerpo libera las mismas sustancias cuando sufres un rechazo social que cuando te das un golpe, la parte del cerebro que se activa es la misma. Herida del rechazo-Instituto

Hay personas que ante un rechazo pueden, tras una breve reflexión, volver a intentar relacionarse, y que esta vez salga bien, pero hay otras, aquellas que tienen la autoestima más baja, que ante una sensación de rechazo se encierran en sí mismos y esto hace que los demás interpreten ese alejamiento como falta de deseo de relacionarse con ellos y así, poco a poco, la sensación de rechazo va aumentando hasta que se les queda instalada en su mente y en su corazón.

El miedo al rechazo, además de hacer que se pierdan relaciones, puede provocar trastornos de ansiedad y depresión. La ansiedad vendría por toda la tensión que genera  estar permanentemente pendiente de lo que piensas o dicen los demás, el sentirse juzgados, no valorados, etc. La depresión vendría determinada por todos los pensamientos negativos hacía sí mismos y hacia los demás, lo que provoca que la persona se encierre en un círculo vicioso de negatividad. 

Los diferentes tipos de rechazo: herida del rechazo en la infancia, herida del rechazo amoroso y en la pareja, herida de rechazo por acoso escolar, herida del rechazo del padre o de la madre y el miedo al rechazo social, vienen determinados, en la mayoría de estos casos, por experiencias vividas en la infancia. Fueron niños que no se sintieron aceptados por sus padres, ya sea porque fueran demasiado exigentes o sobreprotectores. En ambos casos no se acepta a los hijos tal y como son, no se les permite una sana expresión de emociones. 

Las relaciones negativas con los compañeros, tanto del colegio como del trabajo o grupo de amigos, también pueden ser la causa subyacente a un sentimiento de rechazo.

En una pareja, cuando hay miedo al rechazo, se vive la relación con tensión, por temor a estar a la altura, a fallar al otro, o a no cumplir sus expectativas. El miedo puede hacer que no terminemos de creer o sentir ese amor. Se genera un estado de alerta interno que no permite vivir con paz, ya que estamos continuamente comprobando que nos quieren por refuerzos externos. Lo sano sería mirar hacia dentro y entender que te quieren sin cuestionar ese vínculo. 

¿Cómo podemos superar el rechazo?

Es posible vencer el miedo a ser rechazados, a creer que los demás pueden aceptarte tal y como eres, para ello, la persona necesita trabajarse internamente, ya que el cambio no dependerá del exterior sino de su interior. 

En primer lugar, la persona debe ser consciente de que tiene esta herida. Es un trabajo de aceptación, en el que se ve la herida de rechazo como parte de uno mismo, que te hace actuar y pensar de una determinada manera. Deberá ir analizando cómo esta herida le afecta en la relación con los demás, para poder desmontar todas las ideas irracionales que tiene y le salen de forma automática. 

En segundo lugar, hacer un esfuerzo por comprendernos a nosotros y a los demás, esto alivia el sufrimiento. Herida del rechazo-Compañeros del trabajo

Luego, hay que hacer un trabajo de compasión hacia uno mismo y a los demás. Perdonar nos permite liberarnos del pasado, cerrar heridas y seguir adelante. Perdonar a las personas que nos han hecho daño puede resultar más difícil, pero puede ayudar pensar que ellas mismas tienen sus propias heridas. Todos hacemos las cosas lo mejor que podemos y desde el aprendizaje que hemos recibido. El auténtico  perdón es autoliberador.

Finalmente, cuidarse, tenerse en cuenta, valorarse. Esto puede parecer sencillo, pero les resulta muy difícil a las personas que no se han sentido queridas. Si no has recibido amor, es difícil darlo. 

La terapia psicológica permite superar el miedo al rechazo, identificando primero de dónde viene ese temor, para luego poder eliminarlo. 

Es fundamental empezar trabajando la autoestima. De esta manera se recupera la confianza en las propias capacidades y en la valía personal.

También se pueden seguir trabajando las habilidades sociales, aprender a controlar la ansiedad que puede generar las ideas irracionales de rechazo y modificarlas ya que suelen ser distorsiones cognitivas que alteran la percepción de la realidad. 

Ejercicios y pautas para sanar la herida del rechazo 

Reflexiona sobre cómo fue tu infancia, qué mensajes recibiste de tus padres, como han sido las relaciones que has tenido, y habla de ello con una persona de confianza y expresa cómo te sientes. Muéstrate tal y como eres y abraza tu vulnerabilidad. 

También puedes hacer el mismo ejercicio, pero escribiéndolo, esto te ayudará a poner palabras a lo que te sucede. 

No intentes agradar a todo el mundo, eso es imposible. Hay personas con las que congenias más que con otras, busca relacionarte con aquellas que ves que congenias más. Esto te permitirá estar menos preocupado por gustarle al otro. 

Sé tú mismo ante los demás, no intentes ser alguien diferente a quien eres, sé auténtica y no te preocupes por cómo los demás quieren que seamos. 

Cuando empieces a dar vueltas sobre lo que piensen los demás, corta ese pensamiento; no hagas hipótesis ya que seguramente no serán acertadas y te harán sufrir de forma innecesaria. Intenta percibir las situaciones de la forma más objetiva posible. 

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