A través de la experiencia diaria en la clínica infantil, observamos que hay muchos niños que presentan varios problemas en la adquisición del aprendizaje y que muchas veces no responden a tratamientos convencionales como son la logopedia, los profesores de apoyo o la psicopedagogía.

Lo que hemos averiguado es que estas dificultades están muy relacionadas con retrasos en el desarrollo, provocados por ciertos comportamientos impuestos por diversas  circunstancias que han vivido en sus primer o primeros años de vida.

La incorporación de la mujer al mundo laboral y la errónea creencia social de que lo mejor para el desarrollo de los niños es que se incorporen al mundo escolar lo antes posible, ha generado una presión social que casi obliga a las madres a que escolaricen a sus hijos cuanto antes. Esto hace que los pequeños tengan que someterse a una serie de exigencias que no son las más adecuadas para su desarrollo bio-psico-social.

El hecho de acudir a una escuela infantil (por muy buena y cuidadosa que sea) varias horas diarias, impide que los niños tengan la movilidad suficiente para desarrollar patrones de movimientos maduros, que están muy relacionados con la capacidad para aprender.

Eulalia Torras de Bea en su libro “La mejor guardería tu casa” refiere estudios en los que concluyen que los bebés que permanecen en la guardería más de 10 horas a la semana, están en riesgo de sufrir las mismas consecuencias que los niños institucionalizados. Este estudio ha sido realizado en los países nórdicos, donde la baja maternal es de un año, por lo tanto los bebés permanecen con su madre hasta esta edad. En España la baja maternal solo es de cuatro meses por lo que hay niños que a partir de esta edad van casi diez horas diarias.

No se trata de culpabilizar a los padres, pues nada más lejos de su intención que separarse tan pronto de sus hijos, pero la hipoteca y otras contingencias perentorias les obligan a ello. Se trata de entender por qué hay tantas dificultades en el aprendizaje y cómo abordar estas dificultades.

Cuando un bebé nace, está preparado para reaccionar de manera automática al medio en el que se encuentra con unos patrones preestablecidos (succión, cerrar la mano cuando se le pone algo en ella, etc.). Esas reacciones,  posibilitan que el niño salga por el canal del parto o se alimente y se relacione con su entorno los primeros meses de vida, para luego inhibirse dando paso a movimientos y reacciones cada vez más voluntarias y refinadas.  Si esto no ocurre así, el niño sufrirá un retraso en su desarrollo motriz, sensorial, cognitivo y del lenguaje, y le será difícil centrar su atención.

La no inhibición de cada reflejo indica que no se ha aprendido una habilidad, por lo que para realizar determinadas actividades que requieren de dicha habilidad, deberá hacer un esfuerzo consciente y continuo, lo que lleva al niño a un agotamiento excesivo para la tarea que está realizando.

Un ejemplo de un reflejo activo es cuando un niño, o un adulto, saca la lengua al escribir o coge el lapicero de forma inadecuada. Esto hará que pueda tener problemas con el lenguaje, con la deglución, en la escritura, etc.

Varios de los síntomas de esta inmadurez neurológica que dificultan el aprendizaje y que vemos continuamente en las aulas son:

  • Psicomotrizmente son torpes
  • Tropiezan o tiran cosas con frecuencia
  • Andan de puntillas
  • Estiran las piernas y se arrugan o tumban sobre el pupitre
  • Se marean con facilidad o giran continuamente
  • Se “enroscan” en la pata de la silla
  • Escriben de lado. Mala letra
  • Chupan las cosas o sacan la lengua al escribir o manipular
  • Dificultades en la memoria
  • Se sientan en W
  • Dificultades en la secuenciación (antes y después)
  • Lo que han aprendido se les borra
  • Agarran mal el lápiz o pueden agujerear el papel
  • Impulsividad emocional, social o cognitiva
  • No pueden llevar chanclas
  • Se llevan las cosas en la mano
  • Preguntan qué reiteradas veces
  • Distraídos, que no siguen la clase, que están en su mundo
  • Lentos para comprender lo que se les pide y para ejecutarlo
  • Malinterpretan lo que se les dice o se les olvida
  • Les dan miedo los ruidos, los globos, se tapan los oídos
  • Lentos cuando copian en la pizarra
  • Dificultades en la lectura
  • Mueven la cabeza cuando leen
  • Sus letras tienen distinto tamaño
  • Giran la cabeza para leer o guiñan un ojo
  • Acercan y alejan el papel continuamente
  • Al escribir pueden adoptar posturas raras

Estos son algunos de los síntomas, pero hay otros muchos.

Uno de los problemas añadidos de tener un retraso madurativo, es que los niños son calificados como vagos, que no ponen interés, que no atienden o no realizan las tareas porque no quieren, con lo que además de sufrir estas dificultades sufren una valoración negativa sobre ellos que deteriora su autoestima.

Hoy en día trabajamos con una serie de terapias que ayudan a madurar este retraso en el desarrollo. Estas terapias son fáciles de aplicar, algunas se pueden realizar en casa, y consisten en hacer que el niño repita una serie de movimientos que provocan las conexiones neuronales suficientes para llevar a cabo los diferentes aprendizajes sin tanta dificultad.

Estas terapias, llamadas de reorganización neurofuncional son:

REFLEJOS PRIMITIVOS (TRM): El que un reflejo siga activo puede orientarnos sobre la causa del problema que se presente, pero s hay varios reflejos activos, podríamos estar ante un retraso en el desarrollo neurológico. Este retraso podría tratarse con un programa personalizado para que dichos reflejos desaparezcan y dejen de provocar dificultades en el aprendizaje.

EL MÉTODO PADOVAN fue creado por Beatriz Padovan, logopeda y maestra de la pedagogía Waldorf, que integró sus conocimientos profesionales con las bases de la teoría pedagógica de Rudolf Steiner y todos los descubrimientos en rehabilitación neurológica realizados por Temple Fay.

Esta técnica de Reorganización Neurofuncional consiste en realizar una serie de patrones de movimientos muy precisos, que realiza el niño en sus diferentes etapas evolutivas, que ayudan a la estimulación e integración de todas las funciones del Sistema Nervioso.

En cada sesión pasamos por cada una de las etapas del neuro-desarrollo del ser humano, tratando al cuerpo como un todo y atendiendo a todas sus funciones. Por ello trabajamos las piernas, los brazos, las manos, los ojos y la boca para poder desarrollar el sistema de locomoción, la verticalización, la coordinación motora, la motricidad fina de las manos, movimientos oculares y las funciones reflejo-vegetativas (respiración, succión, masticación y deglución) que favorece el desarrollo del lenguaje y la producción oral.

El método Padovan se puede aplicar en todas las edades y con diversas problemáticas:

Rehabilitación
– Prevención y mantenimiento de funciones cognitivas y motoras
– Falta de estimulación y retraso psicomotor
Problemas motores (falta de coordinación motora Global y Fina, Parálisis Cerebral)
– Problemas Orales: respiración oral, deglución atípica, Disfagia…
Problemas del habla y del lenguaje
– Problemas Neuro-motores (Síndrome de Down, Trastorno de Pánico)
– Problemas Neuropsiquiátricos (Autismo, TDAH, TDA…)
– Problemas de Aprendizaje (déficit de atención, Discalculia, Dislexia…)

Estamos a su entera disposición para resolver cualquier duda que tengan sobre lo dicho anteriormente

Montse Lapastora

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