A todos nos resultan familiares frases que mandan mensajes como “lo importante no es caer, sino saber levantarse” o “no importa el problema, sino la actitud ante el problema”.

En psicología existe un término que recoge este pensamiento: la resiliencia. Llamamos resiliencia a la capacidad para reponerse ante las adversidades. Se trata de una actitud ante los problemas y una cualidad que nos permite seguir hacia adelante.

No queremos decir con esto que a las personas resilientes no les afecte lo que les pasa, sino que son capaces de sobreponerse y adaptarse a ello.

Esta cualidad se puede desarrollar a lo largo de la vida, pero lo ideal es cultivarla desde pequeños para que se mantenga con el paso del tiempo.

Por otro lado, muchas veces nos preguntamos cómo podemos proteger a nuestros hijos de las dificultades que van a encontrar en la vida. Entrenarles en la resiliencia puede ser una forma de darles recursos para que se sobrepongan a los contratiempos que encontrarán.

Os dejamos, a continuación, algunas claves para entrenar la resiliencia:

  • Favorecer un apego seguro: desde un vínculo seguro el niño podrá afrontar mejor las dificultades con las que se encuentre, sintiéndose protegido y querido. Además, es importante que sepa que hay adultos con los que puede contar si lo necesita.
  • Darle importancia a la amistad: el apego con los iguales también es una parte fundamental en la vida del niño y un factor potenciador de la resiliencia. El apoyo social y la red de amigos es otra forma de protección.
  • Aceptar los cambios: es importante saber distinguir qué parte del cambio hemos podido controlar y cuál no. Así como entender que hay situaciones que nos vienen dadas y ante las que no tenemos poder de decisión.
  • Ser parte activa de decisiones que sí puede tomar: de igual manera, hay decisiones en las que el niño sí puede participar y es bueno que lo haga.

Si desde pequeño es activo en la toma de decisiones, irá ganando confianza para decidir en el futuro. Podemos empezar con decisiones cotidianas y de poco peso, preparándole para decisiones que cada vez serán mayores.

  • Entrenar la constancia y la persistencia: es conveniente que el niño tenga metas y que los adultos le animemos en sus proyectos para que se mantenga constante y persista si no salen a la primera.

Además, dándole valor a los logros que consiga, aumentaremos su confianza y motivación para proponerse nuevos retos.

  • Desarrollar una autoestima positiva: con un apego seguro, confianza en sí mismo para tomar decisiones y enfrentarse a retos para conseguir sus metas, es muy probable que estemos alimentando paralelamente una autoestima positiva que le respaldará cuando encuentre dificultades.
  • Conocer sus emociones: el objetivo es sobreponerse a los contratiempos, pero no por eso hay que quitarle importancia a la emoción que se asocie a cada dificultad.

Escuchar esa emoción, ser consciente de cómo nos sentimos, será un gran paso en el trabajo para desarrollar resiliencia.

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