En el siguiente artículo nos adentraremos en el mundo del suicidio y los pensamientos suicidas. Abordaremos los factores de riesgo y las causas relacionadas con el suicidio, los signos de alarma, pautas sobre qué hacer si se sospecha del riesgo de suicidio y los mitos que rodean a éste.
¿Qué es el suicidio?
Para hablar sobre este término, es necesario previamente definirlo. La Organización Mundial de la Salud (OMS), define los intentos de suicidio como: “Aquellas situaciones en las que la persona ha cometido un acto que amenaza su vida con la intención de poner su vida en peligro o con la apariencia de dicha intencionalidad”.
Suicidio y los pensamientos suicidas en España
El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España (INE, 2019). Se producen 10 suicidios diarios, 1 cada 10h y media. Se ha llegado al récord histórico de suicidios en España desde la pandemia, aumentándose además las cifras en la población de entre 19 y 29 años.
Cuando se habla de suicidio, solo se registran las muertes, no se toman en cuenta los intentos y la ideación suicida. Esta última podría afectar a entre 5% y 10% de la población española, y se estima que se podrían producir unos 80.000 intentos en el ámbito nacional.
A pesar de estas cifras, España no cuenta con una estrategia para la prevención, y el suicidio sigue siendo un tabú. Por el contrario, deberían ser estas cifras las que rompiesen el silencio que se encuentra en torno al suicidio y deje de ser un tema tabú tanto en la prensa como en múltiples entornos.
Son los falsos mitos sobre este, de los que hablaremos mas adelante, y la ideología mantenida hasta hace poco, que hace que se mantenga alejado este tema de los medios. Recordemos que hasta 1984 no es cuando se permiten enterrar en campo santo a la persona que se suicidaba. 1500 años de castigo a la familia y al cuerpo.
El suicidio junto con la salud mental además, sigue sin ocupar un lugar relevante en los debates de los medios de comunicación. Son las muertes por suicidio de personajes conocidos los que ponen este tema sobre la mesa. Verónica Forqué es uno de los ejemplos del impacto mediático que se produce cuando se trata de un personaje conocido. Pero, veamos cuáles eran algunos de los titulares que podían leerse en esos días: “Verónica Foqué se suicida en el baño de su casa”, “La agitada vida de Verónica Forqué: su gran amor, su única hija y la depresión que acabó con ella” “La causa de la muerte de Verónica Forqué”…
Para prevenir estas conductas, es necesario saber cuales son los factores de riesgo que subyacen.
Factores de riesgo y causas relacionadas con el suicidio
El suicidio surge cuando la persona siente que no puede soportar el sufrimiento y por tanto la vida, de tal manera que plantea el suicidio como la única manera de terminar con ese dolor
físico, psicológico, por problemas económicos, pérdidas, soledad u otras situaciones. Suele ser la consecuencia de la interacción de muchos factores, aunque puede existir un último desencadenante, lo que se puede confundir con la única causa del suicidio.
Debido a la diversidad de factores resulta prácticamente imposible conocer la causa del suicidio, pero si existen factores de riesgo que pueden ayudarnos a actuar en consecuencia y prevenir el suicidio.
Teniendo en cuenta que 80% de las personas que se suicidan están afectadas por un trastorno mental, las patologías más frecuentes que hay detrás de los intentos de suicidio son, en la depresión, seguido de los trastornos de personalidad, generalmente con comorbilidad con abuso de sustancias. Sabiendo estos datos, se debería incidir en la prevención de estos pacientes de riesgo.
Además de los trastornos mentales existen otros factores de riesgo que hay que tener en cuenta:
– Factores de riego familiares como peleas frecuentes, antecedentes de suicidio, excesivas demandas académicas, falta de tiempo para escuchar y abordar temas emocionales…
– Las dificultades en las redes sociales de apoyo, aislamiento, rechazo por parte de los iguales, pérdida de personas queridas, ruptura de pareja, bullying…
Émile Durkheim, sociólogo, fue el primero en analizar estadísticos y tasas de suicidio sobre este fenómeno y clasificó los tipos de suicidio por características sociales. Debemos tener en cuenta que era sociólogo y no psicólogo por lo que no indagará en los aspectos psicológicos que llevan a la persona a quitarse la vida. Para él, el suicidio es un hecho social donde se encontrarían los siguientes grupos:
- Suicidio altruista:
- Obligatorio: Se da en sociedades que exigen suicidio. Un ejemplo sería el de los pueblos celtas donde los ancianos se quitaban la vida para no ser una carga.
- Facultativo: Es similar al obligatorio, pero la sociedad no exige el suicidio, es la persona la que siente que no aporta a la sociedad y que ha cumplido su función.
- Agudo: Cuando la persona se quita la vida por placer.
- Suicidio egoísta: Esto sucede cuando la persona siente que no encaja en la sociedad. Para Durkheim los lazos familiares, sociales o religiosos eran un factor protector. A más integración social menos posibilidad de cometer suicidio.
- Suicidio anómico: Se da a causa de la falta de normas sociales. En sociedades que padecen crisis políticas o desórdenes sociales.
- Suicidio fatalista: Se debe al exceso de normas o normas extremadamente rígidas.
Signos de alarma a tener en cuenta ante un posible suicidio
Los principales signos de alarma según diversos autores (Mann, Apter, Bertolote, Beautris, Currier y Haas, 2005) son:
- si se ha intentado el suicidio anteriormente,
si los métodos anteriores eran letales, - si existen antecedentes familiares,
- si existe expresión verbal de la intención de matarse y más aún cuando existe planificación.
Todo esto se agravaría si existiese alguno de los factores de riesgo mencionados con anterioridad (Blasco-Fontecilla et al., 2010).
Se podrían clasificar tres tipos de pacientes en relación con el suicidio (Bobes et al., 2011):
- Los que no han verbalizado su intención suicida pero la tienen.
- Los que manifiestan dichos pensamientos suicidas.
- Los que han sobrevivido al intento de suicidio.
En un principio se deben tener en cuenta posibles patologías de base, y atender a los pensamientos suicidas, la desesperanza y emplear técnicas de prevención. En el caso del primer tipo de paciente, se debe preguntar directamente para valorar si un deseo vago de suicidio puede transformarse en una decisión.
Cuando llegan a consulta por ideación suicida, la escucha comprensiva y empática favorece el alivio del dolor emocional. El objetivo terapéutico en estos casos es ayudar a encontrar una mínima esperanza, y contrarrestar la idea de muerte, con otras formas efectivas de solución, favoreciendo el control y la capacidad de resolución de problemas, a la vez que se restablecen apoyos sociales.
Si el paciente ha tenido intentos anteriores, y más aún si estos han sucedido de manera reciente, presupone riesgo de que exista intención de consumarlo en los días y semanas posteriores, por lo que debe realizarse un seguimiento exhaustivo. Cuando optan por métodos muy letales pero estos han sido fallidos o planificaciones muy rigorosas, agravan el pronóstico, y debe recurrirse al ingreso si es necesario.
En todos los casos se debe tener como objetivo intentar abrirles el horizonte y evitar la visión túnel.
La OMS ofrece orientaciones específicas para saber cómo, cuándo y qué preguntar (Tabla 1)

Mitos sobre el suicidio
El suicidio siempre ha estado rodeado de silencio y mitos, lo que puede impedir los esfuerzos de prevención. Es por ello que es importante conocerlos.
- El suicidio es hereditario
En la actualidad no existen estudios que avalen esto. Lo que sí se puede heredar es la predisposición a padecer una enfermedad mental. Si se manifiesta o no la enfermedad, dependerá de múltiples factores, y no necesariamente culminar en un suicidio.
- El suicidio es un acto valiente vs cobarde
Una conducta tan compleja no puede reducirse a un adjetivo. Estos adjetivos además pueden convertir el acto en un modelo a seguir o culpabilizar al fallecido y reducir la capacidad de comprensión.
- Solo se suicidan personas con graves problemas o con algún trastorno mental
El suicidio es multicausal como hemos dicho. El hecho de tener buenas relaciones sociales, buenas relaciones escolares o laborales, una buena economía y se aparente normalidad, no implica que no exista sufrimiento emocional.
Aunque la enfermedad mental sea un factor de riesgo, y exista un gran porcentaje de personas que se han suicidado y padecían enfermedad mental, no todas las personas que se suicidan padecen una enfermedad mental.
- Hablar de suicidio en los medios provoca suicidios
Si no se conoce un problema, se complica la búsqueda de soluciones. La cobertura ha de ser seria, respetuosa y correcta, que genere un efecto positivo e incite a las personas en riesgo a pedir ayuda. Si la exposición mediática es sensacionalista, puede que afecte a las personas que se encuentran en una situación vulnerable. Además suele causar daño psicológico grave a los familiares y amigos e incluso a supervivientes de otros casos.
