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Abuso sexual en el pasado

Algunas veces el paciente no recuerda este abuso por ser una situación muy traumática, pero su cerebro sí lo recuerda y cualquier acercamiento o relación sexual puede hacer de disparador de aquella situación traumática, impidiendo que dicha relación sexual se produzca o se viva como algo desagradable.

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«El sabio no dice todo lo que piensa, pero piensa todo lo que dice. Aristóteles.»

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Testimonios

V.O.

Cuando de pequeña iba al pueblo con mis abuelos me lo pasaba muy bien con mis amigos, hasta que empezaron a hacer juegos con el cuerpo que a mí no me divertían. No sabía muy bien qué pasaba, pero eso no me gustaba y, después de un tiempo se lo dije a mis abuelos, que cortaron la situación tajantemente. Desde aquello nunca volví a sentirme igual que antes, me acompañaba un sentimiento de ser sucia y fea que no conseguía quitármelo de encima. En la adolescencia y juventud, tenía relaciones con los chicos, pero no me sentía bien, siempre tenía la sensación de estar haciendo algo malo, pero tampoco decía que no para que no se enfadaran conmigo. El último novio se dio cuenta de lo que me pasaba cuando teníamos relaciones y me sinceré con él. Fue muy comprensivo y me dijo que debería ir a un psicólogo que me ayudara a disfrutar de nuestra relación. Fui a Psicoveritas y trabajando los abusos infantiles conseguí superar mis dificultades actuales.

T.S.

Cuando de pequeña iba en el metro al instituto, había un señor que siempre se venía a mi lado y me tocaba, aprovechando que el vagón estaba muy lleno, cuando llegaba al andén lo primero que hacía era mirar a ver si estaba, y allí estaba, esperándome, daba igual dónde me fuera, él siempre venía a mi lado. No dije nada en casa y con el tiempo me olvidé de aquello. Seguí mi vida normal pero poco a poco empecé a coger miedo a ir en metro, empecé con nervios, pero acabó convirtiéndose en ansiedad, con lo que evitaba montar en metro. Ese miedo se fue esparciendo y ya me daba miedo el autobús, ir a un gran centro comercial, etc. Mis padres me dijeron que eso ya no era nada normal y me llevaron al psicólogo. En la terapia apareció lo que me había pasado de pequeña y mejoré mucho. Ahora puedo montar en metro sin miedo.

C.C.

Cuando era pequeña vivíamos en una casa muy pequeña y cada vez que mis padres tenían relaciones yo escuchaba todo. Al principio no entendía qué pasaba, creía que se estaban haciendo daño, pero no decía nada porque mi padre tenía muy mal humor. Cuando ya entendí lo que era me resultaba horrible tener que escucharlos, la verdad es que no se cortaban nada y mi hermana y yo nos tapábamos los oídos con la almohada. Cuando tuve relaciones sexuales me lo pasaba bien, pero era incapaz de soltar cualquier ruidito y si mi novio lo hacía le regañaba con su consiguiente asombro y queja. Esto se convirtió en una queja constante por su parte y en mucha insatisfacción y rabia por la mía. Decidimos ir a un terapeuta de pareja y fuimos a Psicoveritas, cuando contamos lo que nos pasaban vieron que algo me tenía que haber pasado para tener esa reacción y fui yo la que me quedé en terapia, donde al poco tiempo salió lo de mis padres y el miedo que me daba escucharlos. Mis relaciones sexuales cambiaron radicalmente.

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