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Abusos sexuales

Según la OMS se considera abuso sexual cualquier tipo de actividad sexual entre dos personas cuando una de ellas no ha dado su consentimiento. Cuando un menor es víctima de abuso, puede estar de acuerdo y no manifestar contrariedad, pero esto no significa que consienta; lo que le ocurre a un niño cuando se abusa de él es que no entiende lo que pasa, se puede quedar como paralizado y dejar hacer, pero nunca, nunca el menor es responsable ni tiene la culpa de lo que pasó.

Cuando un padre abusa de un hijo, este puede entrar en colapso y disociarse para soportar la situación que está viviendo, no puede entender que su padre que es quien le tiene que cuidar le haga “eso”. El niño no tiene capacidad ni recursos para evitar lo que está ocurriendo, sin embargo, casi siempre se sienten culpables por ello. Los agresores, saben muy bien qué tienen que decirles para que “guarden el secreto”.

Los abusos sexuales están debajo de muchas dificultades de los adultos, como dificultad en relacionarse con los demás, incapacidad para tener relaciones sexuales con adultos, aislamiento, trastornos de alimentación, etc.

En algunos casos, las víctimas que fueron agredidas por sus padres en la infancia, siguen siendo víctimas de ellos en la adultez, y no es que quieran consentir, es que entran en el mismo estado de colapso de cuando eran pequeños, sin embargo la culpa que sienten es muy grande y eso les impide pedir ayuda.

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Testimonios

O.M.

Sufrí abusos por parte de mi padre desde los 7 hasta que tuve la regla con 13 años. Siempre me sentía mal, odiaba mi cuerpo, no quería tener relaciones con ningún chico porque penaba que no podían quererme por ser como era. Nunca pensé que el sentirme así tenía que ver con lo que me hizo mi padre, pues ya hacía tiempo que eso se había terminado. En Psicoveritas me trataron con mucho cariño y tacto y pude comprender que la culpa no era mía, que mi cuerpo era algo valioso. Lo mejor de todo fue el volver a sentirme bien, sin esa carga emocional y malestar que siempre llevaba encima.

P.H.

Un día en el colegio, un chico mayor que yo me acorraló en el colegió y me hizo cosas muy feas. Me sentí muy mal pero no se lo dije nunca a nadie, a pesar de que era algo que siempre tenía presente. Fui a Psicoveritas porque tenía mucha ansiedad y muchas pesadillas. Parece que todo estaba provocado por aquello que pasó. Por fin pude contarlo y superar eso que me causó tanto daño.

Y.T.

Cuando tuve mi segundo novio empecé a tener miedo a dormirme y a no querer tener relaciones sexuales, a pesar de que mi novio era muy respetuoso y yo me sentía querida por él, pero cada vez me sentía peor y la ansiedad iba en aumento. Fui a Psicoveritas y en la terapia recordé que mi hermano mayor se metía en mi cama cuando yo tenía 10 años. Es algo que tenía totalmente olvidado. Ahora, después de un buen trabajo terapéutico, puedo tener relaciones y ser feliz.

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