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Vigorexia

La vigorexia o dismorfia muscular no está reconocida como enfermedad y se da sobre todo en hombres jóvenes.

Los jóvenes que padecen anorexia se obsesionan de forma patológica por su estado físico.

La visión que tienen sobre su imagen está totalmente distorsionada viéndose débiles o enclenques, por lo que cambian sus hábitos de vida en función de cambiar su cuerpo. Cambian su alimentación y pasan muchas horas en el gimnasio o haciendo deporte dejando sus relaciones sociales de lado.

Además de entrenar muchas horas, acompañan esta actividad con la ingesta excesiva de proteínas y carbohidratos, que suele ir acompañado del consumo abusivo de esteroides anabolizantes con el objetivo de conseguir un cuerpo musculoso.

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«Siempre fui rico, porque no necesito dinero para mi felicidad. Paulo Coelho.»

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Testimonios

S.U.

R. tuvo problemas de peso en su infancia. En el instituto empezó a sentir el rechazo de sus compañeros o al menos él así lo vivió. Decía que se metían con él porque estaba gordito. Comenzó a ir al gimnasio poco después de terminar la Universidad. Allí encontró un grupo de amigos que le animaban y le ayudaron a confiar en él. En poco más de un año empezó a notar los efectos del ejercicio, pero lo que comenzó como un entrenamiento dos o tres veces por semana terminó siendo una obsesión. Cambió de gimnasio y de amigos. Empezó a ir todos los días, incluso dos veces al día. No aceptaba ningún trabajo porque no le permitía este ritmo de entrenamiento. Y en casa surgieron los problemas y las discusiones. Nos costó convencerle, pero finalmente accedió a una sesión, en el centro Psicoveritas. Esa primera sesión fue el comienzo de un tratamiento que le está devolviendo el equilibrio personal sin dejar el deporte.

A.H.

Empecé a ir al gimnasio desde bien joven, quizás tendría 16 años. Antes hacía calistenia en el parque con unos amigos. Todo para mi era gimnasio y comer bien. Pero nunca era suficiente, por horas y horas que pasara en el gimnasio no terminaba de encontrarme bien, y no conseguía llegar a la meta. Me llevaba muy bien con toda la gente del gimnasio, era mi espacio. Un colega, que me vio que lo pasaba mal por no llegar nunca a mi objetivo me recomendó Psicoveritas, porque quizás me podían ayudar a hacerlo de una manera más normal. Y me ayudaron muchísimo, ya no lo vivo con esa obsesión, no me limita, sino que me veo bien y disfruto.

C.R.

Con 11 años ya R. a parte de otras muchas cosas le obsesionaba su estado físico, el estar en forma, sus abdominales. Más bien estaba en los huesos, pero iba sin camiseta a todas partes para que todo el mundo pudiera ver sus abdominales. Tenía que estar haciendo ejercicio a todas horas y si no se enfadaba. Hacía fútbol, pero ya una vez cumplidos los 18 años se apuntó al gimnasio. Nosotros lo veíamos venir, pero no había opción. Terminamos haciendo chantaje con el apoyo de su novia de ese momento para que fuera a Psicoveritas. Menos mal que se dejó ayudar.

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